El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, asumió formalmente la presidencia del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires en una reunión a puertas cerradas del Consejo partidario en La Plata, sin acto masivo ni movilización de la militancia. La postal política del día estuvo marcada por la ausencia de Máximo Kirchner, titular saliente del partido y líder de La Cámpora, que eligió mostrarse en Santa Fe en un encuentro de armado nacional paralelo.
Desde el entorno del gobernador minimizaron el faltazo: el jefe de asesores, Carlos Bianco, aseguró que el diputado “no estaba formalmente invitado” y que, si decidió no asistir, “es una decisión política” sin mayor gravedad.
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Interna latente
La llegada de Kicillof al PJ bonaerense es el resultado de meses de negociaciones con La Cámpora y el resto del universo kirchnerista, que derivaron en una lista de unidad en febrero y en la definición de que el gobernador se quedara con la presidencia del partido.
El acuerdo incluyó que Máximo Kirchner pasara a encabezar el Congreso partidario, órgano clave para reformas de la carta orgánica y definiciones estratégicas, mientras el Consejo quedó equilibrado entre dirigentes alineados con Kicillof y representantes del camporismo. Ese reparto abre un esquema de poder compartido: el mandatario bonaerense se queda con la “lapicera” para el armado de listas y el funcionamiento cotidiano del partido, pero La Cámpora conserva resortes institucionales y presencia territorial que le permiten incidir en las grandes decisiones.
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Tensión con el cristinismo
La asunción llega en un contexto de reacomodamiento del peronismo frente al gobierno de Javier Milei y con la figura de Kicillof en el centro de las especulaciones como eventual candidato presidencial en 2027. El nuevo titular del PJ bonaerense busca usar el partido como herramienta para liderar la oposición al ajuste nacional, ordenar la interna provincial y proyectar su perfil más allá de Buenos Aires.