En los últimos doce meses, el mercado laboral argentino perdió 124.735 puestos registrados, lo que equivale a una caída del 1,2% del empleo formal, según datos de la Secretaría de Trabajo. Si se toma como punto de partida noviembre de 2023, inicio del actual mandato, el retroceso se profundiza: se destruyeron 322.412 puestos registrados, una merma del 3,1%. Detrás de estas cifras, economistas y analistas advierten que el ajuste no solo es por cantidad, sino también por calidad del empleo.
Categórica la CAME: "No tenemos ningún dato para ser optimistas"
El golpe más fuerte se concentró en el empleo asalariado privado, que recortó 94.198 puestos en un año (-1,5%), seguido por el sector público, que perdió 29.372 trabajadores (-0,9%). También el trabajo en casas particulares se vio afectado, con 1.174 puestos menos (-0,3%) en el mismo período. En términos de nivel, el economista Luis Campos remarcó que el empleo asalariado privado se ubica hoy en valores similares a los de enero de 2015, lo que implica casi una década perdida.
Menos empresas
La destrucción de empleo vino acompañada por el cierre masivo de empresas en el sector privado. Solo en enero se registró la desaparición de 1.632 empleadores, lo que equivale a más de 77 empresas por día laboral, de acuerdo con la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). Así, quedaron en pie 488.177 unidades productivas, un número que refleja el impacto de la recesión y el ajuste.
PAMI: médicos y afiliados reclamaron contra el ajuste del Gobierno
Si se extiende la mirada a todo el actual mandato, el saldo es todavía más preocupante: desde noviembre de 2023 se destruyeron 24.240 empresas. Para especialistas, este proceso erosiona la base productiva y limita la capacidad de recuperación del empleo en el corto plazo. La combinación de caída del consumo, altas tasas reales y recorte de obra pública aparece entre los factores clave que explican esta dinámica.
El mapa sectorial muestra una economía con pocos “salvavidas” y varios focos de contracción. Entre las excepciones se destaca la construcción, que tras el parate de la obra pública nacional encadena dos meses de recuperación y suma 2.699 puestos en el último año (+0,7%, serie desestacionalizada). También registran avances actividades como pesca (+2,6%), suministro de electricidad, gas y agua (+0,7%) y enseñanza (+0,6%), aunque su aporte es insuficiente para compensar las pérdidas generales.
"Inentendible": estupor empresario ante el curioso paso de Milei por AmCham
Del otro lado se ubican la industria manufacturera y el comercio, que volvieron a caer con fuerza. En la industria se destruyeron 3.474 empleos en enero (-0,3%) y 42.540 en el último año (-3,6%), mientras que el comercio recortó 2.863 puestos en el último año (-1,4%). Campos subraya que, desde el pico de agosto de 2023, la industria acumula un derrumbe del 6,1% y se mueve “dentro de los valores más bajos de las últimas dos décadas”, sin señales de reversión en el corto plazo.
Otros sectores críticos son Explotación de minas y canteras, con una baja de 8.034 puestos (-8,6%), e Intermediación financiera, que perdió 4.402 empleos (-2,9%). En hidrocarburos, el crecimiento de Vaca Muerta no logra compensar el retroceso del empleo en cuencas convencionales, especialmente en el sur de Chubut y el norte de Santa Cruz. Incluso actividades dinámicas como informática, que todavía muestran un nivel 4% por encima de fines de 2023, empezaron a registrar caídas absolutas en los últimos meses.
Mientras el empleo registrado se retrae, crece el trabajo independiente, especialmente el monotributo. En el último año, los trabajadores independientes aumentaron en 85.819 personas (+3,1%), impulsados por un salto de 93.724 aportantes al monotributo (+4,5%). Sin embargo, la cantidad de monotributistas sociales se redujo en 2.343 (-0,9%) y la de autónomos cayó en 5.562 (-1,4%).
Este corrimiento hacia formas más precarias no alcanza para compensar la sangría en el empleo formal: pese al aumento del trabajo independiente, hay 38.916 personas menos dentro del sistema laboral registrado. En paralelo, la precarización también avanza por la vía salarial. La remuneración bruta promedio tuvo una mejora real marginal de 0,1% en el último año, pero la mediana salarial perdió 2,5% de poder adquisitivo entre enero de 2025 y enero de 2026, lo que refleja un deterioro más fuerte en los ingresos de la mitad de los trabajadores.
Salarios que pierden contra la inflación
El informe oficial “Panorama mensual del trabajo registrado” muestra que en febrero de 2026 el salario real del empleo registrado privado cayó 0,2% respecto de enero, medido a partir de los datos del SIPA. En el mismo período, el salario conformado medio de los principales convenios colectivos se contrajo 1,7% real. El convenio de Comercio, el más grande del país con 1,2 millones de trabajadores, acumuló una caída del 6,7% entre febrero de 2025 y febrero de 2026, arrastrando hacia abajo el promedio general.
En la comparación interanual, el poder adquisitivo del salario promedio de convenio se hundió 5,9%, mientras que el salario medio del empleo registrado mostró una baja más leve, de 0,2%. Para los especialistas, este doble movimiento —destrucción de empleo formal y deterioro del ingreso— configura un escenario de fuerte pérdida de calidad de vida, particularmente en los sectores de ingresos medios y bajos. En ese marco, el desafío de los próximos meses será no solo frenar la caída del empleo, sino también recuperar salarios que vuelvan a ganarle a la inflación y sostener la demanda interna.