El gobierno de Estados Unidos aprovechó su reciente misión diplomática a La Habana para poner sobre la mesa un paquete de exigencias que combina presión política, reformas estructurales y un fuerte componente tecnológico: el desembarco de Starlink, el sistema de internet satelital de Elon Musk. Según relató un alto funcionario del Departamento de Estado, la delegación advirtió al gobierno de Miguel Díaz-Canel que tiene una “ventana de tiempo limitada” para aceptar las condiciones reclamadas por Washington antes de que la crisis humanitaria en la isla se agrave aún más.
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En ese marco, uno de los puntos centrales del pliego estadounidense fue la propuesta de llevar internet satelital Starlink a Cuba, con la promesa de ofrecer conectividad gratuita para la población. La Casa Blanca presentó esta iniciativa como una herramienta para aliviar el aislamiento de los ciudadanos y favorecer el desarrollo económico, pero al mismo tiempo implica un recorte directo sobre el control estatal de la información y las comunicaciones.
La oferta tecnológica viaja acompañada por un paquete de reformas económicas profundas: Washington exige que Cuba abra su economía al capital extranjero, fortalezca el sector privado y emprenda una transición más decidida hacia una economía de mercado. Entre los requerimientos también figura la implementación de mecanismos de compensación para ciudadanos y empresas estadounidenses cuyas propiedades fueron confiscadas en la década de 1960, una demanda histórica de los sectores más duros de la política norteamericana hacia la isla.
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Las condiciones no se agotan en la economía. Estados Unidos reclama además la liberación de presos políticos y una ampliación sustantiva de las libertades políticas en Cuba, en línea con los reclamos tradicionales sobre derechos humanos. El gobierno cubano anunció recientemente el indulto de más de 2000 presos, aunque no está claro cuántos de ellos fueron encarcelados por motivos políticos, lo que para Washington resulta insuficiente frente al paquete de cambios exigidos.
En paralelo, la delegación norteamericana expresó su preocupación por la presencia de servicios de inteligencia y actores militares extranjeros en la isla, en particular de Rusia y China, algo que La Habana niega. Para la administración de Donald Trump, reducir esa influencia es parte de la ecuación que justifica la oferta de alivio económico y acceso a nuevas tecnologías como Starlink, presentada como contracara de la injerencia de potencias rivales en el Caribe.
Las negociaciones se dan luego de que Washington endureciera de forma drástica la situación en la isla, bloqueando el envío de petróleo desde Venezuela y México y provocando apagones, escasez de alimentos, suspensión de clases y un fuerte impacto en el sistema de salud. Tras permitir de forma excepcional la llegada de un petrolero ruso “por razones humanitarias”, la Casa Blanca busca ahora capitalizar la crisis para forzar una serie de reformas económicas, sociales y políticas sin comprometerse explícitamente con un cambio de régimen inmediato.