La escena que vivió Axel Kicillof en el teatro Coliseo Podestá de La Plata terminó de exponer, a cielo abierto, la interna tóxica que atraviesa hoy al peronismo bonaerense entre el armado que impulsa al gobernador y el núcleo duro cristinista referenciado en La Cámpora. Lo que estaba pensado como la clase inaugural de un curso de formación política del PJ se transformó en un ring de consignas cruzadas: de un lado, militantes que reclamaban a los gritos por la libertad de Cristina; del otro, sectores que respondieron con un cantito que sonó a desafío hacia el 2027: "Axel Presidente”.
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Kicillof compartía el escenario con el intendente platense y secretario de Formación del PJ bonaerense, Julio Alak, ante un teatro colmado de militancia y dirigencia provincial. Apenas el gobernador comenzó a hablar, una mujer se levantó desde el público y le exigió que se pronunciara explícitamente sobre la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner. El mandatario eligió no responder al micrófono: solo asintió con la cabeza, mientras desde distintas zonas del auditorio intentaban hacer callar a la militante.
La tensión subió un escalón cuando, desde uno de los pasillos, un joven desplegó una bandera con la leyenda “Cristina Libre”. Personal del teatro se acercó y le pidió que la doblara, en una escena cargada de simbolismo sobre los límites de la liturgia cristinista dentro de un acto ordenado por el kicillofismo. Casi como respuesta automática, otra parte del público comenzó a corear “Axel presidente”, un cántico que funciona tanto como respaldo al gobernador como mensaje interno hacia el dispositivo político de La Cámpora, que sigue viendo a Cristina como el eje ordenador del espacio.
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El momento incómodo tomó por sorpresa a la mayoría de los dirigentes presentes, que dudaron sobre cómo reaccionar mientras el clima se partía en dos. Kicillof retomó su exposición y buscó cerrar la grieta en clave de síntesis, con un remate clásico de la liturgia peronista: “Viva Perón, viva Evita, viva Néstor, viva Cristina”. El gesto, sin embargo, no alcanzó para ocultar que la discusión sobre el rol político y judicial de la ex presidenta cruza hoy tanto a las cúpulas como a la base militante del PJ bonaerense.
La previa del episodio también había dejado señales claras. Alak, en su discurso, reivindicó a los partidos como “organizaciones libres del pueblo” que “son un obstáculo para el poder económico”, y explicitó que, junto a Kicillof, “condenan la detención injusta de la expresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner”, frase que fue celebrada con aplausos. Esa línea buscó tender un puente con el cristinismo más duro, pero el reclamo posterior desde la platea mostró que una parte de la militancia exige gestos más contundentes y permanentes en defensa de CFK.
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Internísima
El trasfondo es la batalla por el futuro liderazgo del peronismo de cara a las presidenciales de 2027. Tras la derrota del 2023 y el desgaste del último tramo del gobierno de Alberto Fernández, el PJ nunca terminó de reordenar su mapa interno. Kicillof se consolidó como referencia territorial y de gestión en la provincia de Buenos Aires, mientras La Cámpora y el entorno de Cristina intentan administrar el capital simbólico de la ex vicepresidenta y definir si se jugarán a una candidatura propia, a un “cristinismo sin Cristina” o a habilitar otras figuras emergentes.
En ese contexto, cada acto, curso o plenario se convierte en un termómetro de la interna. Esta misma semana irrumpió, además, la postulación presidencial del ex gobernador de San Juan y actual senador Sergio Uñac, una movida que, según trascendió, contaría con el aval de Cristina y que Kicillof procuró desdramatizar al entrar al teatro: “Bienvenidos todos los compañeros y compañeras. Hay mucho entusiasmo dentro del peronismo y este es un año de construcción política”, dijo ante la consulta.
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El gobernador intentó, así, mantener el discurso de unidad mientras impulsa su propio dispositivo: planteó que el curso de formación busca dotar al movimiento de “intérpretes y articuladores” de un programa que “camino hacia 2027” necesita cuadros formados desde ahora. En la primera fila y los palcos se mezclaban piezas clave del PJ bonaerense, como Verónica Magario, Federico Otermín y Mariano Cascallares, junto a intendentes de sectores diversos, desde el Movimiento Derecho al Futuro hasta el massismo encarnado en Ricardo Marino.
Pero la postal que quedó del Coliseo Podestá fue la de una interna a cielo abierto donde las lealtades se cantan a los gritos y la disputa por la herencia de Cristina se expresa en banderas, cánticos y gestos más que en documentos partidarios. Entre el “Cristina Libre” y el “Axel presidente”, el PJ bonaerense dio una nueva muestra de que el reacomodamiento rumbo a 2027 será ruidoso, y que la fractura entre el universo Kicillof y La Cámpora dista de estar resuelta.