La renuncia de Fernando Bearzi al frente de la Anses fue el desenlace de una interna feroz en el corazón del Gobierno, que terminó de estallar cuando le "tocaron" a su mano derecha dentro del organismo. El ahora ex titular del ente previsional, que respondía políticamente al ministro de Economía Luis “Toto” Caputo, se enfureció cuando desde el Ministerio de Capital Humano desplazaron a su secretaria general sin consultarlo, en una jugada atribuida al círculo de confianza de Sandra Pettovello y al operador presidencial Eduardo “Lule” Menem. Ese movimiento terminó de convencer a Bearzi de que había perdido el control real de la Anses y lo empujó a presentar la renuncia.
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Según reporta el sitio web La Política Online, detrás del portazo hubo algo más que un enojo personal: una pulseada por la caja y el poder de uno de los organismos más grandes del Estado.
Bearzi defendía un esquema de gestión alineado con Caputo, mientras que Pettovello avanzaba con una reconfiguración del organigrama bajo el paraguas del Ministerio de Capital Humano. En la práctica, eso significaba quién decide los nombramientos clave, cómo se administran los recursos y quién capitaliza políticamente la relación diaria con jubilados, beneficiarios de asignaciones y programas sociales.
El golpe final vino con el desembarco de Guillermo Arancibia, un funcionario con trayectoria interna en la Anses y vínculos directos con Lule Menem, que ya se movía como subdirector del organismo. Su designación fue leída como la confirmación de que la interna la ganó el riñón político de Pettovello, que logró correr a un hombre de Caputo para reemplazarlo por un dirigente propio. Desde Capital Humano, sin embargo, buscaron suavizar el conflicto y presentaron el cambio como parte de una “etapa de mayor digitalización y modernización de los procesos” en la Anses, un argumento que sonó más a comunicado de ocasión que a explicación real de una disputa de poder.
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La salida de Bearzi vuelve a exponer la fragilidad de la arquitectura política del Gobierno en áreas sensibles, donde las peleas intestinas se superponen con la gestión cotidiana. La Anses ya arrastraba un historial de cambios de conducción desde el inicio de la gestión libertaria, lo que debilita la previsibilidad en un organismo que administra jubilaciones, pensiones y beneficios que impactan sobre millones de personas. En ese contexto, cada recambio no solo reordena nombres, sino que altera prioridades, equipos técnicos y líneas de contacto con gobernadores, intendentes y organizaciones sociales.