Claudio “Chiqui” Tapia y Daniel Angelici construyeron una sociedad política y de negocios que atraviesa la AFA, el negocio del juego y la estructura del fútbol argentin. La trama combina cargos, contratos millonarios y control de cajas.
Fútbol, poder y negocios: la conexión entre "Chiqui" Tapia y Daniel Angelici
Claudio Tapia llegó a la cúspide del fútbol argentino después de haber sido “un empleado raso de la Ceamse”, la empresa estatal de residuos, desde donde empezó a tejer vínculos con el conurbano y el peronismo territorial.
Negocios
"La política son los negocios", dijo alguna vez un dirigente político porteño y la trayectoria de "Chiqui" lo deja en claro. Habiendo llegado al poder político a travás de Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta en tiempos de definiciones de la AFA, años atrás, hoy Tapia mantiene un lugar clave en el entramado bonaerense: presidir el CEAMSE por impulso de la administración de Axel Kicillof y conservar un convenio político e institucional con la Provincia a través de acuerdos como la puesta en valor del Estadio Único de La Plata.
El tano operador
Daniel "Tano" Angelici consolidó su perfil como operador judicial de Mauricio Macri durante todo su gobierno y luego también, según reconstruyó la crónica política cuando el entonces presidente de Boca comenzó a actuar en Comodoro Py y otros fueros.
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A su poder en la Justicia federal se suman sus negocios en el juego: Angelici es un binguero con peso propio en el esquema de apuestas y casinos, y su grupo se asocia a grandes operadores globales del rubro.
Esa doble condición –jugador fuerte del negocio del juego y emisario judicial de Macri– lo convierte en un puente entre la caja del fútbol y la mesa de decisiones políticas del PRO.
Tapia–Angelici 2026
El ascenso de Tapia en la AFA no se explica sin Angelici: ambos compartieron una alianza de poder que combinó el peso del ascenso, el sindicalismo de Hugo Moyano y el aparato de Boca, mientras se repartían cargos, comisiones y decisiones estratégicas en la casa del fútbol. En esa etapa, Tapia “vio la oportunidad aliándose con el ascenso, con su suegro Hugo Moyano y con su amigo Daniel Angelici”, según un informe publicado por La Política Online.
En la Asamblea de la AFA de 2017, la relación quedó escrita en el organigrama: el 50% de los cargos fue para los hombres del presidente de la AFA. La otra mitad, para los hombres del vice. O sea, de Angelici, formalizando una coalición que se proyectaba sobre selecciones, finanzas y representación internacional.
En el negocio del juego online y las apuestas deportivas, la marca de Angelici volvió a aparecer cuando la AFA habilitó el desembarco de Betano, un gigante global de apuestas: en la propia entidad “están convencidos de que quien facilitó la llegada de Betano es Daniel Angelici”, pese a las desmentidas del empresario.
Para operar en la provincia de Buenos Aires, publicó LPO, Betano se asocia en una UTE con Atlántica Juegos SA, propiedad de Daniel Mautone, un socio de Angelici, y sorteó el obstáculo de un contrato ya vigente con otra plataforma, en un cambio de manos que dejó en evidencia cómo se reordenan los jugadores del negocio con aval de la conducción de Tapia.
Contratos, billetes y cajas
El vínculo entre Tapia y Angelici se expresa también en el negocio cotidiano del fútbol: el reparto de comisiones, el manejo de entradas, la negociación de patrocinadores y los contratos comerciales que administran cientos de millones de dólares al año.
En ese esquema, el “negocio de los boletos” aparece como uno de los puntos más sensibles de la conexión entre ambos, donde el control sobre la emisión y distribución de entradas para partidos de selección y torneos locales se convierte en una fuente clave de recursos y favores políticos.
Al mismo tiempo, la estructura económica de la AFA se apoya en intermediarios y empresas satélites que concentran la facturación de la Selección: la designación de TourProdEnter LLC como agente comercial del seleccionado permitió que una firma privada cobrara los ingresos en el exterior por patrocinadores, derechos de TV y amistosos, un negocio que, según cálculos periodísticos, llegó a superar los 260 millones de dólares en cuatro años.
Ese modelo de tercerización de la caja de la Selección se complementa con financieros vinculados al entorno de Tapia –como Sur Finanzas, que se presenta como “la billetera del fútbol” y quedó bajo la lupa de la DGI por transferencias irregulares–, consolidando un circuito de dinero donde confluyen dirigentes, operadores judiciales y empresarios del juego.