Virginia Feinmann: “La literatura es el recurso donde hay un permiso para incomodar”
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Virginia Feinmann: “La literatura es el recurso donde hay un permiso para incomodar”

La escritora y traductora argentina charló con Infonews sobre su último libro, "Para que estés más cómoda", que reúne trece cuentos absorbentes e inquietantes que abordan la sexualidad, el abuso y cómo reaccionamos cuando lo sufrimos o somos testigos.

Virginia Feinmann.
Virginia Feinmann.

Un sillón individual de cuero ilustra la tapa. Su almohadón está roto. Justo en el lugar para sentarse tiene una rajadura de dónde nace un resorte puntiagudo. Arriba se lee “Para que estés más cómoda”, un título que busca muchas cosas, menos la literalidad de sus palabras. Así comienza el último libro de Virginia Feinmann. Esa imagen -la única de la publicación-, adelanta lo que le espera al lector: trece cuentos atrapantes e incómodos. Trece historias que hablan de la sexualidad, del abuso y cómo reaccionamos cuando lo sufrimos o somos testigos.

En Para que estés más cómoda, publicado por Planeta en el difícil 2024, Virginia Feinmann se aleja del confort de la fórmula que tan bien funcionó en sus libros Toda clase de cosas posibles (2016) y Personas que quizás conozcas (2018). En vez de una historia única protagonizada por una mujer, vuelve a su “primer amor”, los cuentos, que hilvana a través de un hilo sutil, imperceptible a veces, e inquietante cuando se lo ve.

Narrar lo imperdonable

El origen de Para que… es lejano. Surgió como una necesidad, casi un impulso. Durante los talleres de escritura que da hace años, Virginia Feinmann trabajó con algunos cuentos que hablan de abusos de una manera sutil pero no por eso liviana, como El pecado mortal de Silvina Ocampo o uno de los relatos de Manual para mujeres de la limpieza de Lucía Berlín. En un momento decidió lanzar un taller específico llamado Narrar lo imperdonable. 8 cuentos sobre abuso sexual en la infancia. Su interés no fue sólo literario, sino también personal.

“Me empecé a meter más de lleno con el tema del abuso en la literatura, a leer y coleccionar cuentos de otros. Son como 20 o 30 que tengo ahí en danza, a los que vuelvo. Que tiene que ver con un tema personal porque es parte de mi biografía de vida. Sufrí de chica y me resultó muy revelador leer ficción sobre abuso. Me ayudó a mí misma a recordar, a entender”, señala Virginia.

En ese trabajo literario y personal, Virginia fue pensando y buscando las formas de contar un hecho imperdonable y, al mismo tiempo, incómodo, que se prefiere olvidar u omitir. En ese proceso, casi como corolario, escribió los cuentos que hoy son parte de Para que…

En uno de ellos, con el que abre el libro, una señora mayor le asegura a su hija, en cada visita al geriátrico, estar embarazada. En otro, quizás el más perturbador, los padres de una niña de tres años y medio tienen una cita con un médico. Preocupados, le cuentan que su hija dice ver una “pija” en el caballo de una pintura colgada en su cuadro. ¿Cómo se le ocurrió eso? ¿De dónde aprendió esa palabra? La posible respuesta inquieta y nadie se anima a tirar de ese hilo.

Decir sin decir y el permiso para incomodar

El libro de Virginia no tira del todo de ese hilo y allí se encuentra su mayor mérito. Lo toma, aprieta, jala un poco, pero no termina de hacerlo. “Quería hacer un trabajo literario por el cual no se dijera nunca la palabra abuso ni se nombrara al sexo”, explica.

A partir de esta premisa, al estilo del iceberg de Hemingway, Virginia muestra sólo un poco, una punta de lo que podría ser un gran bloque de hielo oculto bajo el mar. Más bien, se detiene en ese instante de duda, donde uno se debate si tirar o no del hilo. Ella no lo hace y le deja al lector la tarea de completar la historia.

“Está como restado el impacto de la letra para que lo reciba quien lee. Porque yo creo que esa manera de semi ocultar o de manejarnos con eufemismos, imita mucho a la vida real. En una casa nadie va a decir de frente que el tío está teniendo relaciones sexuales con sus sobrinas”, explica Virginia.

La portada de
La portada de "Para que estés más cómoda", el libro de relatos de Virginia Feinmann, editado por Planeta.

Hay otros tipos de silencios en Para que… Los silencios de quienes prefieren no escuchar la historia del abuso, por dolor o perplejidad ante un hecho así. “Por más que te quieran y te cuiden, es doloroso para todos escucharte. A lo mejor se escucha una vez y listo”, señala Virginia.

Ante esa pared, la literatura puede ser un espacio o recurso para decirlo: “Como no hablaste en el momento, después medio que no te alcanza la vida para decirlo. Ahí quizás la literatura es el recurso para, no solo seguir hablando, sino también donde hay un permiso para incomodar, porque puede ser un efecto deseable”.

La sexualidad no siempre es fácil

No todo es abuso en el libro de Virginia. El otro hilo que recorre algunos de sus cuentos es la sexualidad no siempre placentera de sus personajes. Lejos de una imagen ardiente o de una experiencia de pleno goce, en algunas historias sus protagonistas lidian como pueden con el despertar sexual o con los deseos a veces apagados después de cumplir cierta edad. Aquí reaparece la incomodidad, que junto a la sexualidad, son los temas principales de Para que…

“En todos mis cuentos el sexo está planteado como un conflicto”, dice Virginia y marca una diferencia con cierta literatura donde, a pesar de los quilombos que puedan tener los personajes, el sexo es maravilloso y tienen “el polvo de mi vida”. Por el contrario, a los personajes de Virginia nunca les pasa eso.

“El sexo en sus canales esperables, que serían la pareja y donde realmente se podrían disfrutar, no funcionan”, dice Virginia y cita un cuento suyo donde una mujer va al kinesiólogo y vive las sesiones de una manera extraña. A veces parece que el profesional quiere aprovecharse de ella, pero al mismo tiempo, mientras la masajea en la camilla, siente algo de placer. Sensación que, aparentemente, ya no estaría teniendo con su pareja. Entonces, la incomodidad se mezcla con la extrañeza y la falta de algo que la haga sentir bien. Así de confuso puede ser la sexualidad para los personajes de Virginia.

En esa confusión transcurren los cuentos de Virginia. En una tensión permanente donde uno se extraña primero y teme después. Donde el suspenso te retiene al mismo tiempo que te obliga a completar las historias. Con finales abiertos e inquietantes, quedará en el lector la opción de tirar del hilo o no. De ir más allá o hacer como si nada hubiera pasado.


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