“Toque de queda”, de Jesse Ball: cuando el silencio habla
Reeditada recientemente por Sigilo, la extraordinaria novela del autor estadounidense es una fábula tan desoladora como intensa sobre la ausencia y el totalitarismo.
Hace unos meses, el sello argentino Sigilo reeditó Toque de queda, novela de Jesse Ball publicada originalmente en 2011 que catapultó al escritor y poeta neoyorquino al estrellato literario. No fue un golpe de suerte. Después llegarían, entre otros, Cómo provocar un incendio y por qué (2020), Los niños 6 (2022) y El sueño, hermano de la muerte (2024), tres libros que no hicieron más que confirmar la vitalidad de la literatura de Ball. Este reconocimiento también lo trajo a la Argentina: el autor estadounidense estuvo el año pasado en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA), donde ofreció una charla magistral sobre la práctica de mentir, soñar o caminar al momento de escribir y construir un lenguaje narrativo, además de dialogar con su colega vietnamita Kim Thúy.
Pero volvamos a Toque de queda. ¿Qué historia nos cuenta? En principio podríamos decir que esta novela hace foco en la vida de William, un violinista que se gana la vida escribiendo epitafios en una ciudad controlada por un régimen totalitario que hace desaparecer personas. También prohíbe la música, por eso al protagonista no le queda otra que trabajar de lo que se pueda (o sea, de lo que se permita). William tiene una hija de ocho años muda, Molly, con quien vive en un departamento. Mientras cumplen con sus rutinas laborales y escolares, respectivamente, también se hacen tiempo para jugar con una complicidad entrañable, aunque la ausencia de Louisa, esposa de William y madre de Molly, pesa en cada rincón del hogar; no saben dónde está, ni si alguna vez volverán a abrazarla. Sin embargo, cuando a William le llegan rumores -poco fiables pero esperanzadores- sobre el paradero de Louisa, decide romper el toque de queda y salir en su búsqueda, al tiempo que Molly queda al cuidado de una pareja de ancianos que esconden en su casa un deslumbrante teatro de marionetas.
Las primeras páginas de Toque de queda ya dejan en claro el propósito de Ball: narrar la cotidianeidad de un padre y su hija en un mundo opresivo. William y Molly viven en la ciudad de C, donde de la noche a la mañana se impone un estado de excepción; es decir, se suspenden ciertos derechos y libertades fundamentales de sus habitantes. Hay un Estado que controla pero no muestra la cara. Está, se lo siente, pero solo se mueve entre las sombras. Porque en definitiva, ¿quiénes integran el nuevo gobierno censor? No se sabe. Lo único que William tiene en claro es que esta gente se llevó a Louisa. Y que cualquier intento de encontrarla pondría en riesgo no solo la vida de ambos, sino también la de su hija Molly.
En esta novela, hay un gesto narrativo de Ball que revela toda su maestría como escritor: cuenta sin rodeos, pero con sutileza. No juega al misterio, no le interesa, y sin embargo, cada dato nuevo que aporta no hace más que desafiar la imaginación del lector. Es un recurso tan fascinante como complejo, que no cualquier autor sabe poner en funcionamiento. Así, cuanto más vamos sabiendo de la vida de William y Molly desde la desaparición de Louisa, de cómo él lleva su trabajo y ella la escuela con igual dosis de apatía y pericia, de sus juegos ingeniosos como lugar de refugio y contención ante ese afuera que les pone un cerco, los vigila, menos certezas tenemos sobre su destino. ¿Acaso volverán a estar juntos los tres? Cuando William, finalmente, se lanza a la búsqueda de su esposa, esa incertidumbre se va disipando hasta encontrar una respuesta. No solo para el lector, sino también para los protagonistas; mientras el padre la haya en la calle, su hija hace lo propio gracias a una obra de teatro con títeres.
En definitiva, con una escritura tan punzante como refinada, en Toque de queda Ball construye una fábula amarga sobre la memoria, la pérdida y la resistencia de la imaginación frente a la opresión.
Fernando Pessoa redescubierto en "El libro de la transformación", de Interzona
