La farsa mediática en torno a Nahir: ¿Qué pasa con la memoria de Fernando?
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La farsa mediática en torno a Nahir: ¿Qué pasa con la memoria de Fernando?

Vuelve el sensacionalismo por el homicidio de Fernando Pastorizzo, asesinado a sangre fría en manos de su pareja. ¿La razón? El estreno de “Nahir” en Prime: una película que se hizo sin autorización de la familia de la víctima, una de las tantas producciones que se vienen lanzando sin respeto por la verdadera historia. ¿Qué rol jugaron los medios en la construcción de la homicida rubia, delgada y angelical? ¿Qué tuvo que soportar la familia de Fernando a raíz de ello? Todo eso nos aclara una integrante de la familia Pastorizzo.

JL y Fernando de niños. Foto: cedida por la entrevistada.
JL y Fernando de niños. Foto: cedida por la entrevistada.

La madrugada del 29 de diciembre de 2017 Nahir Galarza mató de dos tiros a Fernando Pastorizzo, escenario de un crimen que se convirtió, en meses posteriores, en un macabro desfile de tergiversaciones de los hechos en medios de comunicación a nivel nacional. ¿El objetivo? Modelar la figura de una joven de belleza hegemónica a ojos del público para presentarla como una chica angelical, como alguien inocente que cometió un error, en lugar de una persona que terminó, premeditadamente, con la vida de un chico de 20 años.

“Ella eligió el lugar porque ahí no había cámaras de seguridad y lo sabía”, asegura JL., hermana de Fernando, que conversó con Infonews en exclusiva -no se dará el nombre real para preservar su identidad-. Además, tenía otros conocimientos fundamentales: la pistola 9 mm con la que asesinó era de su padre policía. “Si bien recibió una pena justa, una porción de la sociedad siempre insistió en sembrar dudas y defenderla ciegamente: la realidad no entretiene a las masas, prefieren el morbo”.

Lo cierto es que son muchos los testigos que pasaron por el Tribunal Superior de Justicia de Entre Ríos y declararon escenas que colocan a Nahir exactamente como lo opuesto al relato que se intentó instalar mediáticamente: no hubo ningún hecho de violencia de género y, es más, fue Fernando quien recibió maltratos, acoso, y hasta una golpiza por parte de ella. Hay audios de WhatsApp que se difundieron públicamente, y también vecinos y amigos que lo atestiguan.

“Me parece que hay un intento de nivelar para abajo, con comentarios del tipo ‘si hay abusadores y femicidas libres, que ella salga también’, o ‘yo creo que el chico algo debe haber hecho para que ella termine explotando’”, reflexiona JL. “Incluso hay quienes dicen no importarles si ella es culpable, que igual la defienden. ¿Por qué no exigimos que la justicia a nivel nacional sea mejor? Que cada femicida, cada abusador, cada una persona que hace tanto daño a la sociedad esté toda su vida en la cárcel con pena máxima”, cuestiona.

“Esta fue siempre mi postura; desde adolescente participo de marchas por justicia en nombre de los femicidios, acompaño desde el primer Ni Una Menos en mi ciudad. Todos deberíamos, pero también es importante que cuando se juzga justamente a una mujer, como en el caso de Nahir, no nos confundamos: ella es tan culpable como un hombre que haya matado a su pareja. Hay mujeres capaces de estas cosas porque, en general, hay personas capaces de cometer atrocidades. Lo importante es que no estén en libertad”. Al mismo tiempo, JL aclaró que los dichos de su padre, Gustavo, en torno a la violencia de género, no representan a los demás miembros de su familia.

La construcción de Nahir como una estrella glamorosa del crimen a sangre fría fue orquestada en buena parte gracias a Jorge Zonzini, manager de celebridades que, en este caso, jugó el rol de asesor de imagen. Él se encargó de divulgar supuestos fragmentos del diario íntimo de Galarza, que inducen a calificar a Fernando de violento. Fue él uno de los culpables de desvirtuar al movimiento feminista y darle impulso a la consigna de “Nadie menos” y “Ni uno menos”, mientras que, en el otro extremo, feministas radicales organizaban alguna manifestación para que liberaran a Nahir. Blandían como argumento que ella había sido “juzgada por ser mujer”. Todo esto, sin tener la más mínima idea de que a quien decían defender, odiaba a las feministas. Así lo dijo en sus redes sociales.

Capturas de las redes sociales de Galarza.
Capturas de las redes sociales de Galarza.

El intento de demonizar a la víctima culminó en esta película de Amazon Prime, “Nahir”, montada sobre dos testimonios de amigas de la homicida que, según un extra de la película, fueron comprados, en lugar de basarse en lo que dice el expediente de la causa.

El relato vs. la realidad

Me preocupa la habilitación de discursos donde se permite culpar a la víctima, y si nos descuidamos más, eventualmente devendrá en que se cuestione a todas. Esto pasa con la película, desde la productora a la actriz, hablan sin saber nada”, cuestiona JL. “No es la primera vez que se resuelve un caso rápidamente en la provincia y tampoco será la última, por suerte. Nada tuvo que ver que ella sea mujer; las pruebas y testimonios están ahí y no se pudieron falsear. Incluso una amiga de ella la expuso como violenta, una de las que participó de la golpiza que le dieron a mi hermano”, cuenta, en referencia al violento desenlace de la noche del 25 de diciembre, cuatro días antes del crimen.

Esa noche Fernando salió a bailar con amigos, cosa que molestó a su novia. “Ella controlaba dónde estaba, con quién y qué hacía”, señala su hermana. Lo que pasó a continuación lo narra el mismísimo joven en los audios que se viralizaron: recibió una salvaje golpiza por parte de su novia y Sol Martínez, una amiga de ella, en la que lo violentaron con golpes de puño, rasguños y hasta le golpearon la cabeza contra el piso. Luego del episodio, Fernando quiso denunciar, pero desde la comisaría se lo desestimaron porque “¿cómo te va a pegar una mujer?”.

Además, el maltrato también había tomado dimensiones psicológicas: Nahir amenazaba con matarse si él la dejaba. Eso lo declararon testigos.

Cabe mencionar, además, que cuando tenía 16 años, la homicida denunció haber estado secuestrada, si bien luego se descubriría que se trataba de una farsa.

La condena y el hostigamiento a la familia de Fernando

Galarza fue condenada a prisión perpetua por “homicidio doblemente agravado”, aunque no se consideraron las agravantes por utilización de arma de fuego y por alevosía, solicitada por la fiscalía y querellantes. Esta pena significa que deberá cumplir, por lo menos, 35 años de prisión.

Al momento de conocer la condena, JL tenía 17 años y se mantuvo alejada de la prensa y declaraciones públicas, aunque junto a su madre y el resto de la familia no pudieron escapar al hostigamiento. “Todas estas cosas te destruyen la psiquis, te destruyen emocionalmente. La gente es muy salvaje a la hora de expresarse sobre alguien que no conoce y no puede defenderse, y no saben o no les importa que hay una familia entera que aún vive, como puede, y que se cruza con esos comentarios a diario”, cuenta, respecto al pasado, pero también al presente, con el estreno de Prime. “Querés subir algo para tus amigos y te cruzás a 80 personas opinando del tema por culpa de esta película”.

Respecto a la condena, recuerda que “fue un alivio para todos”, y agrega: “Entre la gente de su edad ella era medio conocida también, siempre estaba en redes buscando llamar la atención, entonces el tema atrajo a la gente por todos lados”.

Por otra parte, cuenta con tristeza que “desde 2017 no festejo año nuevo -fecha que coincide con su homicidio-. Todos los años es una época para otros festiva, pero a mí me recuerda que es otro año que mi hermano no está. Su vida se detuvo a los 20; ahora yo soy más grande que él y siento que no viví nada aún, y entonces él menos. Tenía muchos proyectos”.

¿Tendrá la Justicia la decencia de retener a la asesina de Fernando privada de su libertad el tiempo que corresponda? JL dice: “Yo creo que hay posibilidad de que salga antes, porque ha sucedido con otros crímenes similares. Como estrategia, ella cambió cuatro veces su testimonio, y en dos de esas admitió que le dijeron lo que debía decir. Y aun así, no lo consiguió”, recapitula. También añade: “Hubo perspectiva de género aunque digan que no, por eso se le hicieron varias pericias y se le permitió hacer revisión del caso cuatro veces. Agotó todas las instancias y sencillamente no hay otro culpable. Es ella, no hay terceros”, aunque medita: “Si la consideran capaz de reincidir o piensan que no tiene remordimiento quizás cumpla la condena completa, aunque aun así saldría joven -con 53 años-. Y para uno, desde este lugar, no es suficiente cualquier cifra… quisiera que estuviera ahí hasta el último día de su vida, pero comprendo que la justicia funciona de otra manera, y la verdad, acá actuaron como correspondía en el juicio. No tengo ningún reproche hacia la justicia de mi ciudad”.

El caso de Fernando (y no “el caso de Nahir”, como se lo caratuló en los medios), es un triste disparador para cuestionar los crímenes graves como entretenimiento y fuente de explotación económica y, del otro lado, del morbo de personas devenidas en “las masas”. Pero también es un caso para leer entre líneas la reconstrucción de hechos violentos en las noticias, para cuestionar un periodismo que debería tener como tarea, en su lugar, investigar a fondo y no buscar el mero clickbait. También es un caso anclado en una época donde el movimiento de mujeres y disidencias empezaba a tomar dimensión y donde se lo buscó desprestigiar aprovechando todo tipo de artimañas. Fueron muchas las hebras que hicieron a este ovillo de lana, y lo único claro es que se hizo justicia y que habrá que bregar para que esta sea la nueva normalidad para las próximas familias que sufran una pérdida en manos de alguien más.



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