Primeras postales de Lollapalooza Argentina 2026
Cuatro escenarios para adultos y uno para las infancias. Espacios lúdicos y de descanso. Stands de marcas que auspician. Y una energía desbordante tanto arriba como abajo del escenario marcaron el viernes de #LollaAR
9.38PM. Lorde canta mientras corre arriba de una cinta de esas que seguramente usa para entrenar en el gimnasio porque -si hay algo que deja en claro- es que tiene fuerza y mucha energía. Esa imagen roba mi atención y -cual flashback- siento que sintetiza la intensidad con que se vive un festival.
Lorde arrancó su show usando unas gafas que daban la ilusión de que podía disparar rayos x por sus ojos, cual cíclope en X-Men. Se saca los pantalones, queda en boxers. Hace toda la performance con la caminadora, escala una estructura y enciende una bengala. Después se vuelve a poner los pantalones y habla con el corazón en la mano, agradece al público argentino y canta casi desgarrada como la remera que lleva puesta.
Vanguardista. Alternativa. Convocante. Lorde parece ser protagonista definitiva de cualquier noche de festival. Y es, sin lugar a dudas, uno de los shows más interesantes de la edición 2026 de Lollapalooza Argentina. Pero, claro, no es el único que convoca (y deslumbra) a las masas.
Tyler The Creator, ese rapero que se ganó un muñeco gigante en el medio del predio ante el cual posaron miles de personas durante toda la tarde, fue el encargado de unir a diferentes generaciones que escuchan hiphop y son fans de la discoteca.
Otros momentos destacados de la primera jornada fueron los de Judeline, la española que se abraza a un indie pop autotuneado con el cual la generación z se identifica y celebra. "Es increíble volver y ver la evolución... hace tres años había cinco personas viendo mi show y hoy son muchos los que están acá, con todo este calor", dijo la joven que no dejó de bailar por más que los rayos del sol le pegaran de frente a las 4pm. A quien no pareció afectar demasiado esa temperatura veraniega fue a Joe Keery (cantante y actor de Stranger Things), quien salió a cantar con campera de cuero y una gorra de lana. Él, con un sonido más cercano a bandas como Artic Monkeys, le metió un ingrediente rockero a la bestia pop que se levanta cada mes de marzo en el Hipódromo de San Isidro.
ESTO TAMBIÉN ES LOLLAPALOOZA
El festival más esperado de todos es, en realidad, un festival para toda la familia. Y eso está claro cuando vemos que la programación del espacio Kidzapalooza es tan cuidada como la de los escenarios principales. Por eso no asombra que en el primero de los tres días haya tenido como plato fuerte al -ya histórico- Piñón Fijo.
Párrafo aparte merece la redistribución de los sectores dentro del Hipódromo de San Isidro, la casa de Lollapalooza Argentina. Ahora, además de unos campos VIP para quienes adquieren los abonos más caros, todo parece más cercano y unificado: el Kidzapalooza está más integrado y las casitas donde se puede disfrutar de música electrónica a cualquier hora del día está en el centro del verde que une un punto con otro.
Las marcas que año tras año acompañan a la producción local (DF Entertainment) volvieron a lucirse con instalaciones, juegos y recompensas para quienes hacen colas entre shows porque saben que ir a un festival así no es sólo escuchar música en vivo. Todo es una gran experiencia y una forma de exorcizar las preocupaciones (al menos por un par de horas).
Los pibes y las pibas que estaban ahí, contando que juntaron peso por peso durante varios meses, sienten que invirtieron bien todo su esfuerzo. Después de todo, aunque el contexto económico golpee a la clase trabajadora, el ocio también es un derecho.
