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Las pymes lácteas en coma: "Exigimos que el Gobierno haga algo"

Piden que el Estado intervenga para frenar la sangría ante el cierre masivo de firmas y los despidos que se multiplican con los días.

La Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (APYMEL) salió a hablar ante la profunda caída del consumo interno, una situación que pone en jaque la supervivencia de cientos de empresas en el país. Pablo Villano, presidente de la asociación que nuclea a 600 PYMES, fue categórico al describir el contexto, señalando una escasa demanda que ahoga financieramente al sector y lo obligó a lanzar un llamado desesperado: "Esperamos que el Gobierno haga algo para que crezca el consumo".

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La principal preocupación de estas empresas radica en la imposibilidad de recomponer sus precios a pesar de la inflación, un reflejo directo del bajo poder adquisitivo. Según Villano, el sector no ha realizado aumentos de precios desde abril de 2025. De hecho, la situación fue tan crítica el año pasado que se vieron obligados a bajar los precios debido a un exceso de oferta frente a una demanda deprimida.

Este estancamiento comercial ha tenido un impacto directo y negativo en las finanzas de las productoras. El titular de APYMEL advirtió que "hay muchas empresas endeudadas" y que la dinámica actual del mercado continúa "generando deuda" para la mayoría de ellas. A esta crítica situación financiera se suma el hecho de que, según el testimonio de Villano, el sector no cuenta con "asistencia del gobierno" que les permita paliar el contexto adverso.

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La potencial crisis de las PYMES lácteas trasciende lo económico. Villano resaltó el rol social de estas empresas, explicando que están ubicadas en "pueblos del interior del país, donde dan trabajo y economía a esas comunidades". La quiebra o el cierre de estas unidades productivas representaría un duro golpe para la economía regional, haciendo que el riesgo sea no solo empresarial sino también social, y por ello el presidente de APYMEL consideraría "muy lamentable que cierren esas empresas".

El núcleo del problema es la erosión del poder adquisitivo. Pablo Villano fue directo al afirmar que "el poder adquisitivo ha bajado realmente", lo que transforma productos esenciales en artículos de lujo para una parte de la población. Como ejemplo mencionó que "el yogurt ahora es un producto caro", reflejando cómo la contracción económica ha impactado incluso en la canasta básica familiar.

La fuerte dependencia del mercado interno agrava el panorama, ya que "el 80% de nuestras empresas depende del mercado interno". Si bien el sector de la exportación "está bastante bien", no logra compensar el colapso del consumo local. Esta asimetría hace que las pequeñas y medianas empresas, que no tienen la misma capacidad de exportación que las grandes, queden expuestas casi en su totalidad a la recesión doméstica.



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