Los pesos pesados de Wall Street, las acciones de las empresas tecnológicas, cayeron este lunes mientras un competidor de China amenaza con alterar el panorama de la inteligencia artificial.
El índice S&P 500 bajó un 1,5% (perdió 87,85 puntos y quedó en 6.013,39 unidades) y tuvo su peor día en más de un mes. Las acciones de las grandes empresas tecnológicas sufrieron una de las mayores caídas, con Nvidia perdiendo un 17%, lo que arrastró al índice compuesto Nasdaq a una pérdida del 3,1 por ciento (cedió 607,47 puntos y cerró en a 19.346,83).
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La pérdida de cotización de Nvidia equivale a una pérdida de capitalización de casi USD 600.000 millones. Esto eclipsa el récord anterior -una caída del 9% en septiembre que eliminó cerca de 279.000 millones de dólares en valor- y fue la mayor en la historia del mercado bursátil estadounidense.
El daño se centró en las acciones relacionadas con la inteligencia artificial, mientras que el resto del mercado resistió mucho mejor. El Promedio Industrial Dow Jones subió 291,54 puntos a 44.715,79 unidades, o un 0,7%, y la mayoría de las acciones estadounidenses estaban en alza. Pero cualquiera que tuviera un fondo indexado al S&P 500 sintió el impacto debido a la influencia que estas gigantes tecnológicas tienen sobre los índices.
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El impacto en los mercados financieros vino de China, donde una empresa llamada DeepSeek presentó un modelo de lenguaje grande capaz de competir con los gigantes estadounidenses, pero potencialmente a una fracción del costo. DeepSeek ya lideraba la lista de aplicaciones gratuitas en la App Store de Apple el lunes por la mañana, y los analistas señalaron que tal logro sería especialmente impresionante dado que el gobierno de Estados Unidos ha restringido el acceso chino a los principales chips de inteligencia artificial.
Sin embargo, persiste el escepticismo sobre cuánto podrá esta presentación de DeepSeek alterar finalmente la economía que gira en torno a la industria de la inteligencia artificial, desde los fabricantes de chips que producen semiconductores hasta las empresas de servicios públicos que esperan electrificar vastos centros de datos que consumen una gran cantidad de capacidad de procesamiento.