El director James Cameron es un obsesivo de la realización y también del debate cinematográfico. Tal como supo volcar sus tópicos en sus films a lo largo de una carrera muy abultada, el hombre cuando puede discurre sobre cine, cineastas y demás. En este caso, le tocó a su colega Christopher Nolan, quien viene de recoger elogios y premios con su oscarizada Oppenheimer. Y a Cameron no le gustó.
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El director de Titanic, Avatar y Terminator calificó a Oppenheimer como un trabajo de "evasión moral". La crítica central de Cameron radica en la decisión de Nolan de no mostrar los devastadores efectos de la bomba atómica en las víctimas japonesas, una omisión que, según el director, resta profundidad a la narrativa sobre la creación del arma nuclear.
Cameron, quien se encuentra desarrollando su propio proyecto cinematográfico sobre la bomba atómica, Ghosts of Hiroshima, centrado en las experiencias de los sobrevivientes de los ataques de 1945, no dudó en expresar su respeto por la dirección de Nolan, pero insistió en su punto.
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"Me encanta la realización, pero sentí que fue un poco una evasión moral, sin alma", afirmó, refiriéndose a la exitosa película que recaudó casi mil millones de dólares. Su señalamiento más específico recayó en una breve alucinación de Oppenheimer, donde el personaje ve cuerpos carbonizados durante un discurso, para luego la película continuar sin profundizar en las consecuencias directas de la bomba.
El director fue enfático al manifestar su intención de abordar directamente el "tema tabú" que, a su juicio, Nolan evitó. "No sé si el estudio o Chris sintieron que ese era un tema tabú que no querían tocar, pero yo quiero ir directamente a ese tema tabú. Soy así de tonto", declaró Cameron.
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Las críticas de Cameron no son un hecho aislado. Desde el estreno de Oppenheimer en 2023, la película ha sido objeto de cuestionamientos similares. Cineastas como Spike Lee y diversos historiadores y activistas han lamentado la ausencia de imágenes de los bombardeos de Hiroshima o Nagasaki, y la falta de representación de las secuelas en las ciudades. La omisión de las aproximadamente 200.000 muertes japonesas fue vista por muchos como una oportunidad perdida para contextualizar el verdadero impacto de la creación de Oppenheimer. El crítico Paul Ham señaló que "la única visión de las víctimas de la bomba eran estadounidenses", refiriéndose a las víctimas nucleares futuras imaginadas por Oppenheimer, en contraposición a las víctimas reales.