Los bonos de la deuda argentina sufrieron caídas generalizadas y el riesgo país se encaminó nuevamente a la zona de los 1.600 puntos, el nivel más alto en cuatro meses. Esto ocurrió en medio de la desconfianza de los operadores debido al freno a la acumulación de reservas experimentado por el Banco Central. Además, surgieron dudas sobre el impacto del duro ajuste monetario dispuesto por el Gobierno, con la intención de fortalecer la moneda y atacar la inflación.
Las caídas de los títulos en dólares fueron encabezadas por el Global 2046 y el Bonar 2041 (-1,6%) y el Global 2041 (-1,5%). Así, el riesgo país medido por el JPMorgan subió a 1.595 puntos. Desde el Banco Central, se coordinó con el Tesoro el traspaso de pases remunerados por Letras Fiscales de Liquidez (LEFI) bajo el compromiso de emisión cero, junto a la intervención cambiaria. Este mecanismo buscó absorber pesos, pero complicó la recuperación de reservas internacionales, abriendo interrogantes entre ahorristas e impulsando la tendencia negativa sobre los activos.
Según analistas, al cerrar el Gobierno todas las canillas de emisión de pesos, se enfrentaron a la necesidad de vender dólares para las necesidades corrientes a corto plazo. En este contexto, el S&P Merval retrocedió 2,2%, tras una caída del 3,28% el miércoles. Las acciones bajaron hasta un 5,7% encabezadas por Sociedad Comercial del Plata, Central Puerto (-5%), Supervielle (-4,6%) y Ternium (-4,1%). Las únicas dos subas correspondieron a Cablevisión Holding (0,8%) y Banco de Valores (0,5%).
Por su parte, los papeles argentinos que cotizan en Wall Street perdieron hasta un 3,2%, liderados por Banco Supervielle, Loma Negra (-3,1%) y BBVA (-3%). Se destacaron Globant S.A (1,3%) y Ternium (0,3%). En lo que va del mes, el riesgo país subió un 9,6%, rozando los 1.600 puntos, una zona que no se tocaba desde marzo. El indicador de JP Morgan que mide el sobrecosto de la deuda argentina subió 18 puntos en esta rueda, impulsado por la caída de los bonos en dólares, que perdieron en torno al 1%.
En julio, la cotización del AL30, el título en dólares con más liquidez, se hundió un 15% después de haber llegado a subir un 60% a lo largo del año. El cambio de tendencia se vinculó con las dificultades de Argentina para acumular divisas y fortalecer las reservas. Desde el cambio de Gobierno, el Central compró US$ 17.640 millones, pero solo pudo retener un tercio de esas divisas, debiendo usar el resto para pagar deudas y asistir la demanda del mercado. Las reservas se encontraban en US$ 27.528 millones, apenas US$ 6.500 millones por encima del cierre de la gestión de Alberto Fernández. Este dato generó inquietud entre los inversores, que vincularon la debilidad del Central para sumar reservas con el riesgo de que el país no pudiera cumplir con sus compromisos.