“Siempre fui una ávida escuchadora de historias”

11 de febrero de 2022
Gonzalo Magliano

En el estremecedor libro debut de Vicky García, las historias transcurren en la década de 1930 en un pueblo inspirado en el Laborde natal de García, en Córdoba.

Un pueblo en medio de la Pampa húmeda puede ser un lugar placentero para vivir. No lo es para los personajes de Las bestias (Contramar Editores), el estremecedor libro debut de Vicky García. En doce relatos deben convivir con polvo, pobreza, violencias de género y laboral, santos populares y muerte. El escritor Juan Diego Incardona asegura que este libro amplía el género de la gauchesca y “teje un universo gótico pampeano donde no se escatiman monstruos, caníbales y crímenes”. No es el único. Otras plumas reconocidas como Gabriela Cabezón Cámara y Selva Almada lo recomiendan fervorosamente.

Al abrir el libro uno se encuentra con decenas de cuchillos ilustrados que rellenan ambos lados de la primera hoja. Parece una lluvia peligrosa que funciona como prólogo. Los relatos serán sangrientos. En Las bestias, la vida en el campo es sangrienta, ya sea porque tienen que carnear para comer o vender; o porque el honor se debe defender con el filo de un facón. Es un campo “muy gore, bizarro, sangriento también”, aseguró Selva Almada.

Las historias transcurren en la década de 1930 en un pueblo inspirado en el Laborde natal de García, en Córdoba. El pueblo del libro es pequeño y su actividad es exclusivamente rural. Su único boliche, Lo de Tarta, es sede de juerga y muerte, hechos fantásticos e inesperados.

Toda la zona está atravesada por una violencia naturalizada que se impregna en cada rincón. No se cuestiona ni se exacerba, es parte constitutiva de las relaciones entre los personajes y el paraje pobre donde viven. Las mujeres son abusadas y los peones explotados. Es así. Al menos hasta que suceden pequeños actos de rebeldía o hechos extraños que irrumpen el cotidiano, abren posibilidades y, a veces, tuercen destinos.

Vicky García nació en Laborde en 1986. Después de terminar la secundaria, se mudó a la ciudad de Buenos Aires para estudiar teatro pero, casi de manera natural, su interés se fue trasladando a la narrativa. Gran parte de su formación como escritora la tuvo en talleres literarios donde conoció a grandes escritores y escritoras locales. En 2019 ganó el premio de la Bienal de Arte Joven con el cuento policial “Rastros”, que se publicó en la antología Divino tesoro, y el año pasado publicó su primer libro de cuentos; aunque ella prefiere presentarlo como “una novela en relatos”.

Para entender el origen de Las bestias es necesario volver a Laborde y la infancia de García. Su padre tenía un campo pequeño que intentó explotar varias veces pero siempre terminó fundido. Su madre murió cuando ella tenía apenas cinco años. Quizás por ello fue una niña callada y tímida que encontró en la lectura y la escritura un lugar para sí. De aquella época recuerda a su abuela Ernesta Lucía, quien le dio una tarea que se convertiría en uno de sus primeros ejercicios de escritura. Como no sabía leer ni escribir, le pidió a su nieta que redactara cartas para responderle a una tía de Buenos Aires. García se lo tomó tan en serio que contó varias historias de su pueblo. Aquellos años quedaron guardados en algún rincón de su memoria para, tiempo después, transformarse en el material clave para la construcción de Las bestias.

“Tanto el pueblo como el campo fueron construidos por escenarios reales -cuenta García-, mi papá tiene un pequeño campo. Los caminos eran muy malos. Era una década, los 90, donde se habían fundido todos los pequeños productores, no así los grandes. Recuerdo mucha desolación y muchas casas abandonadas porque también en el  lugar, porque en toda esa franja hasta llegar a la casa de mi papá no había luz. Creo que los textos transcurren en la oscuridad por eso, porque en el campo no había tendido eléctrico y en el pueblo se cortaba la luz todo el tiempo. Entonces era pasar muchas horas en la oscuridad, jugando a las cartas, escuchando historias, y esos recorridos medio a oscuras, en el campo, me inspiraron para recrear esos escenarios y muchos de esos escenarios son contados por abuelas, tíos, padres, el boliche del Tarta es un boliche real, es un boliche donde trabajaba mi abuela”.

Infonews: —Son historias muy violentas. ¿Crees que representan una violencia general de la sociedad o tiene que ver más bien con la violencia contra las mujeres?

Vicky García: —Si. Son historias de mucha crueldad y mucha violencia hacia las mujeres… hacia las lesbianas, las trans… los homosexuales…hay una cierta saña descargada sobre esos cuerpos, creo que era tanto un motivo de clase como un motivo de género, me parece que están las dos cosas, sobre todo género, pero hay mucho abuso de los patrones, y creo que también está el lugar donde la misma sociedad de esa época ponía a los varones, como que el hombre de campo tenía que ser fuerte, el proveedor, la mujer quedarse en la casa, criar a los hijos/as y saber hacer todo.

In: —Las mujeres cumplen diferentes roles en tus historias. Algunas resisten. Otras parecen entregadas a la sumisión. ¿Qué lugar les das en tus historias?

VG; —Sí, las mujeres, tal cual lo decís, algunas de ellas se revelan, casi todas, algunas obtienen cierta justicia por ayuda de otros seres y alguna queda resignada a esa situación, como si no conociera otra cosa. Son mujeres que no conocían otras cosas, de hecho la única mujer que se llega a ir del pueblo, es una mujer que después es muy juzgada, tanto ella como su hija…son sometidas, son objeto de venganza.

In: —Los personajes parecen tener naturalizada la violencia. ¿coincidis? ¿Tiene que ver con las condiciones de vida? ¿es una manera de relacionarse?

VG; —También hay una violencia patronal ejercida sobre los cuerpos de los peones, creo que la figura del patrón de estancia es también muy fuerte, porque es un hombre o son varios hombres, en este caso, que acumulan riqueza a partir del trabajo de los más humildes que están en condiciones deplorables… hay momentos, pasajes, donde se cuenta cómo duermen, cómo viven…cuáles son sus condiciones tanto de vida como de trabajo y la verdad que creo que es el retrato de una época y también es el retrato de esta época, que quizás no conozcamos o quizás nos enteramos por una noticia muy dispersa que hay esclavitud rural. También está el riesgo y el peligro de ser mujer también ante esos hombres, porque creo que la cuestión de género está por sobre la cuestión de clase y estos hombres también abusaba de mujeres así que hay un poco de todo eso, por eso es tan complejo analizar desde el feminismo estos fenómenos sociales.

In: —¿Por qué elegiste utilizar géneros como el terror y lo fantástico para tratar estas historias en vez del realismo?

VG: —No soy una lectora de historias de terror así que me cuesta pensar que escribí historias de terror, no es un género que conozca. Entonces diría que están entre lo fantástico y lo gauchesco y que hay una oralidad que tomé para escribir las historias,que creo que es lo que destaca en sí al libro,que no es tanto lo que se cuenta, sino cómo se lo cuenta y con qué palabras y con qué lenguaje y con qué oralidad también, porque hay una cuestión de mucha escucha… como te decía antes, que siempre fui una ávida escuchadora de historias, me encanta sentarme en la mesa y no decir una palabra y escuchar personas que entran a recordar y entran en un nivel de misticismo, de contadores y contadoras de historias.