Los avatares de un violín en un policial histórico de Alejandro Roemmers

28 de julio de 2025
Juan Pablo Cantini

"El misterio del último Stradivarius", novela del escritor argentino radicado en España, cuenta el derrotero del legendario instrumento a lo largo de tres siglos.

Foto: Infonews

¿Puede un violín contener siglos de belleza, poder y muerte? En El misterio del último Stradivarius, Alejandro Roemmers apuesta a que sí y construye un policial de aventuras en torno a un instrumento mítico. La novela del escritor argentino, publicada por Planeta y prologada por Mario Vargas Llosa, mezcla historia, música, intriga y aventuras alrededor de la magia de un violín único. La trama se abre con un crimen en Paraguay que pronto se conecta con el robo del último Stradivarius construido por el luthier italiano Antonio Stradivari. Este instrumento, presentado como la culminación de un arte insuperable incluso por la tecnología contemporánea, se vuelve un objeto totémico que impulsa la acción y despierta el interés del lector desde las primeras páginas.

A partir del asesinato de un anticuario y su hija en 2021, el narrador despliega una estructura doble: por un lado, la investigación del doble homicidio en el presente; por el otro, una reconstrucción histórica que sigue el itinerario del violín desde Cremona, en el siglo XVIII, hasta los escenarios bélicos y totalitarios del siglo XX. Esta alternancia sostiene el suspenso, aunque por momentos la novela parece querer ser muchas cosas a la vez —policial, aventura y crónica histórica— y corre el riesgo de quedarse a medio camino en cada uno de esos registros.

La documentación histórica es uno de sus puntos fuertes. Hay pasajes en los que el archivo cobra vida, especialmente cuando el violín aparece como testigo de los vaivenes de la historia europea. En esos capítulos se ve lo más logrado de la novela. Pero a esa solidez se le superponen pasajes expositivos que, en más de una ocasión, suenan forzados, más preocupados por explicar que por hacer avanzar la acción. Esto también se observa en algunos diálogos que, en lugar de desarrollar la trama o los personajes, simplemente transmiten información, lo que interrumpe el ritmo y la inmersión en la historia. Además, aunque hay párrafos en los que las descripciones están muy bien logradas, también existen tramos en los que se dice más de lo que se muestra, lo que reduce el impacto emocional de ciertos momentos.

En el núcleo más oscuro del libro aparece el vínculo entre Stefanoni, un violinista deportado a un campo de concentración, y el joven Bechstein, heredero de una tradición de constructores de pianos. Este vínculo hermoso en medio del horror está muy bien trabajado y conmueve, aunque el motivo del prisionero que sobrevive gracias a su talento musical recorra un terreno ya demasiado transitado en la literatura y el cine. La historia se salva, sin embargo, por la intensidad emocional y por la manera en que contrasta música y horror.

Las mejores páginas de El misterio del último Stradivarius son aquellas que se detienen en los vínculos entre personajes y en el poder de la música. A esas luces las opacan ciertos excesos solemnes y algunos giros previsibles. Pese a todo, el desenlace —aunque cercano al cine de Hollywood— funciona y logra sorprender.

El dúo policial formado por Tobosa y Gutiérrez aporta un contrapunto terrenal y mantiene viva la intriga.

Aun con sus irregularidades, Roemmers demuestra ambición narrativa y una mirada apasionada por la música como fuerza que atraviesa épocas y destinos. Esa pasión es lo que mantiene el pulso de la novela incluso en sus momentos más previsibles.

En definitiva, El misterio del último Stradivarius cautiva por su premisa y por la potencia de su objeto central, aunque no logre escapar del todo a los lugares comunes del género ni a una prosa que a veces prefiere la grandilocuencia antes que la tensión narrativa. Es un policial histórico correcto, con pasajes atractivos que seducen al lector.


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