Exilio, memoria y realismo mágico en “De este lado del Este”

06 de marzo de 2026
Pascale Cognet

La traductora Pascale Cognet conversó con el escritor y compositor argentino Pablo Nemirovsky sobre su flamante segunda novela, que narra la historia de un joven violinista polaco que llega a Buenos Aires con su cuarteto de cuerdas hacia la década de 1930.

El escritor y compositor argentino Pablo Nemirovsky. Foto: Marcelo Nemirovsky

El escritor y compositor argentino, Pablo Nemirovsky, presentó su segunda novela, “De este lado del Este”, editada por Milena Caserola y Milena París. En ella, narra la historia de un joven violinista polaco que llega a Buenos Aires con su cuarteto de cuerdas, alrededor de los años treinta. Allí conocen y empiezan a habitar la efervescencia de literatura, personajes y música de este lugar desconocido. Elis conoce a un aduanero, Basile, que tiene la facultad de entrar y salir de sus sueños. El destino lleva a los músicos a las tertulias de La Perla del Once, donde un tal Fernánez, filósofo y guitarrero, planea llegar al poder para instaurar la primera república anarquista. Además de participar en la gesta utópica de Fernández, Elis y su amigo Bertovich se meten de lleno en una búsqueda musical, siguiendo la corriente del Sincretismo Fatídico, representado por la joven pianista y compositora francesa, Berthe Trépat, personaje de Rayuela, de Julio Cortázar, que tiene aquí una segunda oportunidad de que las cosas le salgan bien.

Una novela de exilio, memoria, aventuras y humor, cargada de elementos y personajes con vida propia que se sumergen en una atmósfera fantástica. La primera escena muestra a uno de sus personajes saltando del barco al río, allí comienza un rito de pasaje que marca la entrada en "el otro lado", una disfunción del tiempo en la que comienza la confusión entre el pasado y el presente. El agua disuelve el tiempo. La música parece actuar como un espejo del mundo interior de los personajes y de la propia novela, a la vez que distorsiona la realidad. El violín del protagonista evoca el origen, la memoria, el ancla en la realidad. Las perinolas desbaratan la misión del destino, la garrapiñada agudiza la percepción y devuelve la vista a Ulises, el bibliotecario; el taller de Rebeca conserva la memoria, Basile habita las fronteras entre lo real y lo fantástico, la fecha del 30 de febrero posibilita una agenda donde se reúnen todos los personajes que conforman una novela viva, donde ficción y realidad se confunden. 

La portada de "De este lado del Este", la novela de Pablo Nemirovsky editada por Milena Caserola y Milena París.

Pascale Cognet: -Teniendo en cuenta que la novela comienza en un remolino donde el tiempo parece perder su eje y los personajes se muestran a la deriva, la música adquiere un papel central y caótico, el sueño se presenta como un territorio ambiguo, donde los personajes a veces sueñan despiertos o incluso viven sueños ajenos, y la corriente Este-Oeste oscila constantemente. ¿Cuál fue tu intención al articular estos elementos? ¿Querías que el lector experimente esa sensación de incertidumbre y fluidez o es ése un estado emocional tuyo?

Pablo Nemirovsky: -Me considero como un escritor de Jazz, quiero decir que en el proceso de escritura no preveo nada. Hay escritores que desde el comienzo tienen todo un plan y que ya saben cómo va a terminar la novela antes de haberla comenzado. Yo, realmente, no sé para dónde voy, me dejo ir a la deriva. En esta novela partí de una sola imagen: en cada familia hay historias, hay mitos, y hay leyendas. En mi familia había una leyenda con respecto a mi abuelo: él siempre nos contaba que en su llegada en barco a Montevideo (aunque mi novela transcurre en Buenos Aires), en lugar de pasar como todo el mundo por la aduana, se había tirado directamente al agua del río. Al principio le creímos, después, con el tiempo, tuvimos ciertas dudas acerca de la veracidad de su anécdota. Hace poco mi tía me dijo que de verdad a mi abuelo lo creía capaz de haber ingresado de esa manera al Cono Sur. Nunca pude saber si realmente mi abuelo llegó a nado a Montevideo o no, pero al final decidí creerle, y plasmarlo así en la novela: era una manera de perpetuarlo. A partir de esa imagen me fui para donde me llevó la inspiración. El clima onírico creo que tiene que ver con eso.

PC: -Al crear el personaje del joven polaco recién llegado a Argentina y obsesionado con el sonido perfecto y la teoría del sincretismo fatídico, ¿incorporaste aspectos autobiográficos? ¿Hay alguna parte tuya reflejada en su búsqueda, sus obsesiones musicales o su manera de relacionarse con tus personajes? ¿En qué medida te identificas con ellos?

PN: -Creo que me identifico un poco con todos los personajes, hay algo mío en cada uno de ellos. En el personaje principal yo me imaginaba la figura de mi abuelo, pero le construí una vida que no tiene absolutamente nada que ver con su vida real, él tocaba un poco el violín, en la novela lo hice llegar a Buenos Aires en los años 30 con un cuarteto de cuerdas. 

Acerca del sincretismo fatídico, puedo decir que “reciclé” un personaje de Rayuela: Berthe Trépat, una pianista a la que todo le sale mal. En Rayuela, ella, desesperada luego de un gran fracaso, le pide a Oliveira que le consiga un concierto en Buenos Aires. Cuando lo leí me dio mucha pena, y, como cronológicamente hablando, el personaje de Cortázar podría haber estado en Buenos Aires en los años 30, me tomé el atrevimiento de “robarle” el nombre y el personaje de Berthe Trépat a Cortázar para darle una vida digna. El sincretismo fatídico también lo explica Berthe Trépat en Rayuela: se trata de hacer coincidir, en un fragmento de tiempo, varias piezas musicales. O, para decirlo con las palabras del poeta Matías Mauricio: “es como una herejía sonora que pretende ejecutar obras distintas en un mismo instante y obligarlas —a fuerza de fe, terquedad o delirio— a sonar armónicamente.” Es, a la vez, una idea absurda y el eje musical de la novela. 

PC: -A lo largo de la novela aparecen temas como la migración, el desarraigo, la música como lenguaje interior, el sincretismo fatídico, el tiempo y la memoria, un juego entre la realidad y la ficción, todo ello con un humor absurdo y fantástico. ¿Creés que todos estos elementos reflejan una búsqueda de identidad tuya?  ¿Qué importancia tiene para vos la superposición de tiempos y obras musicales en el desarrollo de la narración?

PN: -Cuando uno tiene una especie de corte en la vida como es el exilio, todo lo que escribe termina teniendo que ver de alguna manera con eso. Creo que, aunque el trauma se diluyó con el tiempo, me es muy difícil escribir sobre otro tema que no sea la distancia y el exilio. En este caso, escribí sobre un exilio que yo sé que existió, pero que no lo viví: el de mis abuelos. No es que cuente algo mío, ese exilio, como dije, no lo viví, y sin embargo estoy ahí, o, mejor dicho: estoy un poquito en cada uno de los personajes.

Matías Reck, Matías Mauricio, Pablo Nemirovsky y Pascale Cognet en la presentación de la novela "De este lado del Este".

PC: -Me pareció que la novela está escrita como una partitura, ¿hay una frontera entre el músico, el novelista, el palindromista?

PN: -No hay frontera. Creo que todo es cuestión de equilibrio, de encontrar la musicalidad. En la novela prima la música, intento siempre respetar la musicalidad. A veces me sobra una sílaba, a veces me falta otra. Me preocupo mucho por eso. Ese equilibrio lo busco tanto en la música como en la escritura y en los palíndromos.

PC: -Tu personaje, Rebeca, mantiene viva la memoria de su padre a través de la creación artística y manual. Su taller es un lugar donde se genera un nuevo comienzo. ¿Es un personaje inspirado de la realidad, tiene algo que ver con la foto con la que empieza el libro?

PN: -Rebeca es uno de los pocos personajes del libro que mantiene su nombre real. Rebeca era mi abuela. En la foto aparecen mis abuelos en el día de su casamiento. A Rebeca también le mantuve su nombre real, pero le inventé una vida. 

Nada es biográfico en la novela, salvo ese salto al río, que vaya uno a saber si existió o no.

PC: -Hay un personaje que me encanta: Basile, un personaje fantasmal, es el aduanero presente en los sueños del personaje principal, Elis Abram, encarna el tránsito entre la realidad y el sueño. Si bien parece un personaje secundario, Basile, en realidad está siempre presente y funciona como un eje central alrededor del cual se mueven los demás personajes. ¿Cuál fue tu intención al crear este personaje tan particular?

PN: -Basile fue el segundo personaje que se me apareció. Me imaginé que, al llegar a Buenos Aires en los años 30, te encontrabas con un referente, que tenías siempre un aduanero enfrente que te decía algo, te indicaba el camino, te guiaba. Este aduanero le dice al personaje principal cosas enigmáticas y se aparece en los sueños, no sólo del personaje principal, Elis Abram Oluar, sino también en los sueños de todo el mundo. 

PC: -En tu novela aparece una fecha muy particular, el 30 de febrero ¿Aquello significa que la acción transcurre en un tiempo que no existe? ¿Por qué decidiste incorporar elementos así, como una fecha imposible, que borra la lógica del calendario y contribuye a una atmósfera de realismo mágico?

PN: -Improvisando en la escritura puse esa fecha, me fue difícil resolver la incongruencia. Lo relaciono con cosas que me pueden llegar a pasar, como querer ir a un evento que ya sucedió hace una semana, pone en evidencia una especie de desesperación cronológica en la que uno se siente siempre a punto de meter la pata. 

En la novela están todos fuera de la realidad, podemos hablar de realismo mágico porque en ella suceden cosas que son inverosímiles, pero que no dejan de ser reales porque están escritas, forman parte de lo que el personaje de Fernández, filósofo y guitarrero, llama “novela viva”.