Elecciones en Perú: empate técnico entre Fujimori y Sánchez

08 de junio de 2026
Redacción Infonews

Los votos de la ultraderechista Keiko Fujimori y el candidato de la izquierda Roberto Sánchez se definen por estas horas en un conteo que puede durar, otra vez, varios días.

Keiko Fujimori / Roberto Sánchez

Perú se encuentra ante una definición presidencial incierta. Mientras la candidata de ultraderecha Keiko Fujimori y el postulante de izquierda Roberto Sánchez pelean voto a voto en el escrutinio del balotaje.

Al cierre de la jornada electoral, el conteo rápido estableció un empate técnico milimétrico entre ambos competidores; Sánchez, de Juntos por el Perú, registró un 50,14% frente al 49,86% de Fujimori, líder de Fuerza Popular. Esta diferencia, marcadamente inferior al 1% del margen de error estadístico, obliga a mantener en vilo a todo el país a la espera del avance definitivo de las cifras oficiales.

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De acuerdo con los reportes más recientes de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), que ya superan el 93% de las mesas escrutadas, la hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori retiene una ventaja extremadamente estrecha de apenas el 50,1% (con variaciones decimales en las últimas actualizaciones que la sitúan cerca del 50,05%) frente al 49,9% de su rival.

Sin embargo, los analistas locales advierten que este margen de ventaja corre el riesgo de evaporarse por completo a medida que ingresen los sufragios de las zonas rurales y del "Perú profundo", regiones alejadas de la capital donde el arraigo de Sánchez es mayoritario y contundente. Además, se estima que la resolución de los comicios demorará varios días debido a las más de 400.000 actas impugnadas u observadas que los jurados electorales correspondientes deberán revisar de forma exhaustiva.

Ante este panorama, el titular del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, hizo un llamado urgente a la serenidad y a la responsabilidad democrática, estimando de manera oficial que el resultado final definitivo podría tardar hasta 30 días en proclamarse, tal como ocurrió en la primera vuelta.

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Las autoridades recordaron que alcanzar el 100% de actas contabilizadas por la ONPE no significa tener un presidente electo, ya que cualquier inconsistencia, error material o apelación debe ser resuelta primero por los Jurados Electorales Especiales y ratificada por el pleno del JNE. Solo tras subsanar estas incidencias se emitirá el acta de proclamación oficial para que el nuevo mandatario pueda asumir el cargo el próximo 28 de julio.

A pesar de la extrema paridad y la incertidumbre, Roberto Sánchez protagonizó un festejo anticipado al salir al balcón frente a una multitud congregada en la Plaza San Martín de Lima, donde se atribuyó la victoria en un discurso de tono triunfalista.

El exministro y aliado político del encarcelado Pedro Castillo —a quien visitó horas antes y prometió indultar en caso de vencer— enmarcó la jornada como un hito histórico para acabar con los pactos mafiosos y recuperar el gobierno para los sectores populares, sentenciando que "el boca de urna históricamente puso por debajo a quienes terminaron ganando". En la vereda opuesta, Keiko Fujimori optó inicialmente por el silencio, cancelando su primera rueda de prensa y apareciendo más tarde en un hotel limeño para negar la existencia de un ganador, calificar de irresponsable cualquier autoproclamación y pedir paciencia a sus fiscales y personeros electorales.

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Este infartante escenario remite de inmediato al trauma electoral del año 2021, cuando la propia Fujimori lideró los primeros boca de urna de las encuestadoras (como Ipsos o Datum, que esta vez volvieron a otorgarle ventajas iniciales de hasta 50,7%) y terminó perdiendo el conteo oficial definitivo ante Pedro Castillo por escasos 40.200 votos.

La elección actual expone nuevamente una profunda fractura sociopolítica y territorial en el país sudamericano: una Lima metropolitana consolidada como el principal feudo fujimorista que la respaldó con más del 63% de los apoyos, frente a un bloque regional del interior del país que se volcó masivamente con un 57,4% en favor del programa de izquierda de Sánchez.

La campaña estuvo fuertemente polarizada, aunque ambos candidatos llegaron a la segunda vuelta arrastrando elevados índices de rechazo ciudadano y representando a un electorado fragmentado, donde cerca del 70% de los votantes no los había elegido en la primera vuelta de abril.

Mientras la plataforma de Fujimori capitalizó el extendido temor de la ciudadanía ante la crisis de inseguridad ciudadana y extorsiones mediante promesas de "mano dura", uso del Ejército y control fronterizo, Sánchez centró su estrategia de seguridad en reformas de inteligencia criminal y en la limpieza de la corrupción en la Policía Nacional, combinándolo con promesas de mayor equidad para las comunidades indígenas y rurales.

Quien resulte finalmente consagrado por el tribunal electoral deberá pilotar un país sumido en una inestabilidad política estructural que ha devorado a ocho presidentes en los últimos diez años.

Con un Congreso fragmentado y dotado de amplias facultades de destitución, y con partidos políticos debilitados, el gran desafío de la próxima gestión no radicará únicamente en defender hasta el último voto válido en las mesas de escrutinio, sino en construir unas condiciones mínimas de gobernabilidad para evitar que la persistente crisis institucional vuelva a colapsar al Poder Ejecutivo de Perú.