Código Negro: espionaje, traición y deseo en lo nuevo de Steven Soderbergh
El director canadiense vuelve a su mejor forma con una pareja que se saca chispas: Cate Blanchett y MIchael Fassbender.
El espionaje y el sexo son aliados históricos y la tensión es parte central del nuevo largometraje de Steven Soderbergh, Codigo Negro (Black Bag).
Cate Blanchett y Michael Fassbender encarnan a dos espías atrapados en un juego de filtraciones, asesinatos y seducción. Entre ellos la sospecha es la moneda de cambio y la información clasificada un juguete sexual. Y por si hiciera falta más tensión, tenemos al ex Bond, Pierce Brosnan, en la piel de un jefe de inteligencia.
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Soderbergh, que ya exploró los oscuros rincones de la humanidad en Sexo, mentiras y video (1989), vuelve a apoyarse en sombras y los silencios para construir un thriller donde cada gesto es una traición potencial.
Con su ojo clínico para la puesta en escena, el director canadiense nos recuerda los mejores pasajes de su filmografía: desde Traffic (2000) hasta Contagion (2011).
La historia se construye sobre un terreno minado de trampas, secretos y dilemas morales. Fassbender y Blanchett juegan el rol de la pareja en crisis, pero sus problemas no pasan por niñeras, expensas o las compras del fin de semana, sino que se desarrollan en un tablero de ajedrez donde cada pieza es distinta a lo que parece.
Soderbergh, que transitó el cine sobre espías con resultados dispares –desde la fallida Haywire (2011) hasta la intrigante The Good German (2006)–, encuentra aquí su equilibrio narrativo.
En 90 minutos ajustados al milímetro, Código Negro despliega una trama de giros afilados, conformando un film de suspenso en el que la moral es un lujo que nadie se puede (ni quiere) permitir. Gracias por tanto, Steven.