Backrooms: una pesadilla en loop, saturada, ominosa

31 de mayo de 2026
Daniel Castelo

Un adolescente creó una serie de 25 episodios pesadillezcos en YouTube y hoy acaba de estrenar, a los 20 años, una película que parte al medio la historia reciente del cine de terror.

Backrooms

"Si no tenés cuidado y salís de los límites de la realidad en las áreas equivocadas, terminarás en los Backrooms, donde no hay nada más que el olor a alfombra húmeda, la locura del amarillo monocromático, el ruido de fondo interminable de las luces fluorescentes a la máxima potencia y aproximadamente 600 millones de millas cuadradas de habitaciones vacías segmentadas al azar”.

La cita textual corresponde al mensaje que originó el film que acaba de estrenarse en Argentina y sacude al fandom del terror alrededor del mundo. Un usuario de la megapopular y caótica red 4chan respondió con esa frase a una foto que otro usuario había posteado.

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Lo que nació como una simple leyenda urbana digital (fenómeno conocido como creepypasta) en un foro 2.0 es hoy una de las experiencias cinematográficas más inmersivas, vanguardistas y rupturista de los últimos años. El viaje de un fenómeno de internet a la pantalla grande, en este caso y frente a decenas de decepciones anteriores, rompe prejuicios a bordo de una obra profundamente claustrofóbica a cargo de un chico de 20 años. 

Backrooms

La dirección del jovencísimo Kane Parsons plantea un recorrido pesadillezco por espacios liminales en loop (no lugares del tipo de habitaciones de paso, aeropuertos, pasillos de hoteles).

El film, que tiene como personaje central al dueño de una mueblería sin clientes atormentado por el pasadizo que encontró en una pared y lo conduce a una construcción que se replica a si misma con el paso del tiempo, se destaca por un diseño de sonido agobiante, atravesado por zumbidos y ruido blanco de emisores varios.    

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La paleta de colores a la que acude Parsons, basada en la imagen original de los “backrooms” de la prehistoria del film, está dominada por el amarillo monocromático del texto que abre este artículo. Y satura tanto la pantalla como el cerebelo del espectador que se anima al juego. Entre la náusea y la desorientación. Entre el found footage y el falso documental. Un cruce cinemático y asfixiante entre los pasillos ominosos de Roblox y la cámara enfermiza de Blair Witch Project, entre otros referentes.

A diferencia del cine de terror comercial, saturado de posesiones sobrenaturales, slasher barato y humor estúpido, Backrooms apela a un miedo basal: quedarse atrapado fuera de nuestra propia realidad. ¿Un pibe de 20 años filmó una obra de terror existencial? Pues sí.