Mediados de los años 90. Kim Gordon -la cantante, guitarrista, bajista y escritora estadounidense, quien fundó la banda Sonic Youth- se sube al escenario con una remera que se convertiría en un pedacito de historia: "Girls invented punk rock, not England", advertía la prenda que -casualidad o no- era de color verde.
Hoy esa misma remera, aunque en distintos colores, dice presente en muchos recitales. La vemos en festivales gigantes, en conciertos de clubes y pequeños bares. Y es, sin duda, un lema más de los feministas ya conocidos. Porque, claro, si el punk rock nació como no sólo un sonido sino una contracultura rebelde en tiempos de crisis y desigualdad social, hoy el punk representará a las disidencias o no será nada.
De ahí la importancia que tiene un grupo como Pequeño Bambi, una banda punk queer nacida en Córdoba y con base en Buenos Aires que -a lo largo de sus 20 años de historia- ha mantenido una formación colectiva y mutante, con múltiples artistas y profesionales que han aportado su potencia escénica, musical y política. Hoy está formada por Karol Zingali y Eva Gou (voces), Vivi Pozzebon (batería), Guineana (bajo) y María Florencia Silva (guitarra) y la buena noticia es que acaban de sacar "Femme Fontaine, la venganza peluche".
La obra es un disco de 10 canciones editado por Goza Records (el sello encabezado por Barbi Recanati y curado exclusivamente con artistas mujeres y comunidad Lgtbiq+). Lo que escuchamos es un estallido punk que se combina con una ternura feroz, el deseo salvaje y la poética queer del colapso.
Producido por Andrés Mayo, el álbum cuenta con colaboraciones de Susy Shock, Lula Bertoldi, Paula Maffía, Lucy Patané y Marie Bardet. Y podríamos decir, incluso, que este disco marca un antes y un después para la banda porque antes sólo realizaban covers y ahora llegan con siete canciones originales que reflejan su madurez artística y política. De hecho, todo arranca con "Soy Chonga", un manifiesto que trasciende la canción y se convierte en una pieza de arte imprescindible.
¿Sorprende? Claro que no: en sus conciertos, Pequeño Bambi deja en claro que no son sólo un grupo de músicas que suben a tocar sino que nos encontramos frente a artistas performáticas que convierten la experiencia en algo más: no es un musical de calle Corrientes (aunque tienen toda una puesta craneada especialmente), tampoco un show sexual con streaptease (aunque está envuelto en una sensualidad madura y real) y, si bien no es un bajón inaccesible, tiene una cuota necesaria de oscuridad. Lo nocturno, lo profundo, una rabia contenida, un orgullo de la propia sexualidad y las pocas ganas de resignar los valores aún en tiempos difíciles que nos chupan energías son parte de lo que se exorciza en una noche con Pequeño Bambi.
¿Y cuándo podremos verlas en vivo para presentar oficialmente este disco nuevo? El sábado 15 de noviembre en ArtLab (CABA). Las canciones están en plataformas y las entradas para esta cita, en la ticketera del venue.