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House of Gucci: directo al outlet

Llegó a las pantallas la superproducción de Ridley Scott sobre el asesinato del ícono de la moda. Cine sin gracia al servicio de una industria sin rumbo.

Adam Driver y Lady Gaga en
Adam Driver y Lady Gaga en "House of Gucci" UIP

Al Pacino, Lady Gaga, Adam Driver, Jared Leto Jeremy Irons, Salma Hayek. Un elenco de esos que suelen calificarse como "de lujo" y un realizador, Ridley Scott, a quien alcanza con mencionarlo para que se materialicen en el cerebro los dos títulos que lo hicieron ícono del cine: Alien y Blade Runner.

Pero House of Gucci se queda en eso: en la relevancia de los nombres involucrados.

¿Qué sucede cuando la suma de las partes no alcanza, cuando la lista de nombres célebres para una cita cinematográfica es apenas un borrador de lo que podría haber sido la película en cuestión? Sucede lo más o menos previsible: repercusión, comentarios que se vuelven tendencia durante un rato, notas, títulos, fotos del estreno. Y no mucho más.

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House of Gucci, el contundente lanzamiento comercial de estos últimos días de 2021, es apenas un esbozo de gran película, un trailer de lo que podría haber sido. Ridley Scott, que a sus 84 años (cumplidos este 30 de noviembre) viene de haber estrenado semanas atrás la interesante The Last Duel, recae aquí en viejas mañas de director mainstream; se conforma con la lista de un gran elenco echando mano a un guión destartalado, sin herramientas más allá de la entrada y salida en plano de personajes célebres que protagonizan una gran historia real que en su paso a la ficción aparece transformada en anécdota con un par de highliths, en telefilm con megapresupuesto.

Al Pacino en
Al Pacino en "House of Gucci"

El foco del relato está puesto en la tormentosa relación que mantuvieron el heredero Maurizio Gucci (un muy desaprovechado Adam Driver) y Patrizia Reggiani (impecable Lady Gaga) desde el momento en el que se conocieron hasta el trágico fin de su historia, atravesada por intereses y miserias de la más diversa calaña.

No hay más que eso en la casa de Gucci según Scott: un cúmulo de nombres taquilleros e intenciones narrativas y comerciales explícitas, todo montado sobre un guión de fórmula standard sostenido por alguna que otra escena recordable (en todos los casos a cargo de la cantante y actriz, quien representa el único interés genuino del combo).

Poco importan en el desaguisado general la buena performance de Jared Leto como el menos lúcido de la familia de marras o un Al Pacino que entrega de taquito una buena interpretación de su Aldo Gucci. El problema está en las costuras, en una tela de corte dispar, más indicada para el outlet que para la vidriera de primeras marcas. Todo un símbolo del presente de una industria que hace rato tiene mal hecho el dobladillo. Y paramos acá para evitar otra metáfora textil.

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